Tony Cicoria hablaba por teléfono público en Nueva York cuando un rayo lo alcanzó de lleno. Corría 1994. Sobrevivió, contó que sintió salir de su propio cuerpo, y volvió a su vida de cirujano ortopédico como si nada hubiera pasado.

Hasta que empezaron las semanas siguientes. Sin haber estudiado música jamás, sintió una urgencia irracional por tocar piano. Las melodías, según describió, llegaban solas a su mente, como si alguien se las enviara.

Compuso La Sonata del Rayo, la interpretó en público, y el neurólogo Oliver Sacks documentó su historia en el libro Musicophilia. Hasta hoy, la ciencia no tiene una explicación definitiva de qué cambió exactamente en su cerebro.

