La policía fue a Ardore, en la provincia de Reggio Calabria, a buscar armas. Lo que encontraron en cambio fue una obra de ingeniería que, según sus propias palabras, resultó “digna de un plató cinematográfico”.
Bajo el suelo había tres ambientes completamente equipados: dormitorio, baño y una cámara de fuga. En esa última sala, empotrada en el piso, descansaba una trampilla de hormigón armado absolutamente invisible desde el exterior. No había manija, no había bisagra visible, no había ninguna señal que delatara su existencia. La apertura se activaba mediante un mecanismo eléctrico oculto. Al accionarlo, el suelo mismo se movía y dejaba al descubierto la entrada a un corredor excavado profundamente en el subsuelo: 120 metros de túnel que conducían en línea directa hacia una zona rural periférica, lejos de cualquier carretera o testigo.
Las autoridades vinculan la estructura a la ‘Ndrangheta, la organización criminal originaria de Calabria considerada una de las más poderosas del mundo. Los carabineros la calificaron como el refugio clandestino más sofisticado hallado hasta ahora en toda la comarca de la Locride. Nadie fue detenido; el búnker estaba vacío, a la espera de alguien que quizás nunca llegó a usarlo.
