
Ginny Kim dirigía Evett, un restaurante de dos estrellas Michelin en Gangnam, Seúl, cuando decidió que sus sorbetes necesitaban un toque ácido distinto.
La solución fueron entre tres y cinco hormigas negras secas por plato, importadas desde Estados Unidos y Tailandia, esparcidas sobre un sorbete hecho con sikhye, una bebida tradicional coreana de arroz dulce. Durante casi cuatro años, de abril de 2021 a noviembre de 2024, el restaurante sirvió ese postre a unos 12.274 clientes. La cuenta final: cerca de 49.096 hormigas consumidas y 120 millones de wones en ingresos, unos 64.700 dólares. El problema es que las hormigas nunca estuvieron en la lista de las 10 especies de insectos aprobadas para consumo humano en Corea del Sur —ahí solo entran saltamontes, gusanos de la harina y pupas de gusano de seda—. Y cuando los fiscales analizaron el ingrediente, encontraron niveles de metales pesados por encima de lo permitido.

El juez Lee Se-chang calificó el caso como una infracción ‘no leve’ y multó a la empresa operadora con 10 millones de wones (7.200 dólares) y a Kim, en su calidad de directora ejecutiva del restaurante, con 15 millones (unos 10.800 dólares), aunque los fiscales habían pedido un año de cárcel para ella. El chef Joseph Lidgerwood, fundador del restaurante y esposo de Kim, ni siquiera fue acusado.
