Loijipu nació en febrero de 2017 en el santuario de Sera, en el norte de Kenia, y su madre lo dejó atrás cuando apenas tenía 48 horas de vida. Fue el primer rinoceronte negro nacido en una conservación comunitaria del país. Su nombre, en samburu, significa «el que sigue».

Pasó sus primeros meses con otros cuidadores, hasta que a los 18 meses conoció a Salome Lemalasia. Ella era guardabosques comunitaria desde 2015, madre de cuatro hijos, y al principio dudó si aceptar el puesto. Los miedos se le fueron en cuanto lo vio: el pequeño rinoceronte la seguía a todas partes y no quería separarse de ella.

Hoy tiene cinco años y, según Salome, ella sabe cuándo tiene hambre, sueño o está enfermo. Lo regaña cuando se pasa de la raya, y él obedece. La reconoce entre otros guardas y visitantes por el olfato, y en el monte gruñe y golpea el suelo con las patas para avisarle cuando hay fauna cerca. Hay un riesgo permanente: que se aleje de su recinto y lo ataquen rinocerontes adultos. Ella sigue ahí, cuidándolo.

