Uloma Walker-Curry llevaba apenas cuatro meses casada cuando decidió que su esposo valía más muerto que vivo.

William Walker, teniente de bomberos de Cleveland de 45 años, volvía a su casa en la calle Lampson Road con comida para llevar la noche del 3 de noviembre de 2013 cuando alguien lo emboscó en la entrada y le disparó cuatro veces.

Detrás del plan estaba su propia esposa: ahogada en deudas, le pidió a su hija de 17 años y al novio de esta que consiguieran a alguien para matarlo. Pagó 1.000 dólares de adelanto. El novio reclutó a su primo, el primo reclutó a otro hombre, y ese fue quien finalmente apretó el gatillo.
El objetivo era cobrar los 100.000 dólares del seguro de vida de William. Pero él nunca había cambiado de beneficiaria: el dinero terminó en manos de su exesposa.

Los cuatro cómplices confesaron y testificaron contra Walker-Curry, que en julio de 2017 fue declarada culpable de asesinato agravado y condenada a cadena perpetua sin libertad condicional.
