Un inesperado hallazgo en el Hospital St George’s de Tooting del Reino Unido encendió las alertas sobre la importancia de la detección neurológica oportuna ante síntomas silenciosos.

Una paciente de 38 años de edad llamada Amy Seagar experimentaba adormecimiento facial y pérdida auditiva pero su médico de cabecera descartó anomalías graves en enero de 2024. El panorama cambió radicalmente cuando la mujer acudió al Hospital de Kingston para una resonancia magnética programada por molestias lumbares.

El examen reveló un neuroma acústico obligando a realizar una compleja intervención quirúrgica para extirpar la masa. Actualmente se realiza revisiones cada 6 meses y en su último monitoreo en marzo del 2026 no registró anomalías.

