Eran las 7:34 de la mañana del 10 de agosto cuando la tierra se movió en Cali. El sismo de magnitud 7,4, con epicentro cerca de San José del Palmar, en Chocó, dejó grietas en al menos 18 centros de salud de la región.
En uno de los hospitales de la ciudad, pacientes quedaron atrapados bajo escombros en el área de pediatría, y el riesgo de colapso obligó a evacuar a todos los internados, incluidos los recién nacidos. La Alcaldía de Cali, encabezada por el alcalde Alejandro Eder, declaró alerta roja hospitalaria.
En medio de ese caos, el personal de salud no se detuvo. Sacaron camillas, incubadoras y equipos a la vereda y siguieron atendiendo entre el polvo y las sirenas, mientras la gobernadora Dilian Francisca Toro confirmaba 27 muertos en el Valle del Cauca y más de 20 estructuras colapsadas solo en Cali.
Un toque de queda se activó esa misma noche, pero la ciudad ya había visto lo que puede hacer un equipo médico cuando no tiene dónde trabajar, solo con qué.
