En Finlandia, agarrar la cesta equivocada puede cambiarte la tarde. Algunos supermercados empezaron a ofrecer cestas de color rosado para quienes están solteros y no les molestaría que un desconocido les hable entre las góndolas.

Nadie te obliga a tomarla. Pero si la llevas, estás mandando una señal silenciosa: estoy disponible para charlar. Y aquí está lo curioso, existe una regla no escrita que todos respetan sin que nadie la haya escrito en ningún lado, solo se acercan entre personas que también cargan la cesta rosada. Así se evitan los rechazos incómodos y los malentendidos que sí abundan en las apps de citas.

La idea nació en pocas tiendas, pero ya cruzó fronteras. Miles de personas en redes la comentan como una alternativa más humana para conocer a alguien, sin pantallas ni perfiles filtrados. Quizás el futuro de las citas no está en un teléfono, sino en el pasillo de lácteos.

