
Un vecino del distrito berlinés de Pankow salió a caminar por el bosque un día cualquiera de mayo de 2026. Lo que encontró entre los árboles detuvo a la policía, cerró el acceso a la zona y obligó a desplegar unidades especiales de explosivos: 59 proyectiles de artillería soviéticos de 122 mm, completamente intactos, que llevaban más de ocho décadas esperando en silencio bajo el suelo de una ciudad de casi cuatro millones de habitantes.
El peso total de la munición superaba la tonelada y media. Los proyectiles, fabricados durante la Segunda Guerra Mundial, fueron retirados uno por uno por la Oficina Regional de Investigación Criminal de Berlín —el LKA— siguiendo estrictos protocolos de seguridad. La Policía de Berlín difundió el hallazgo en sus redes sociales junto con fotografías que mostraban los proyectiles apilados con una normalidad casi inquietante.
Lo más desconcertante no es el hallazgo en sí, sino que no sea una excepción. En Alemania, encontrar munición sin detonar de la Segunda Guerra Mundial sigue siendo un fenómeno recurrente más de 80 años después del fin del conflicto. Berlín, epicentro de los últimos combates de esa guerra, guarda todavía en su subsuelo una cantidad incalculable de restos del armamento que la destruyó.
