En medio de los festejos mundialistas, cuando todo el mundo andaba distraído celebrando goles y abrazando desconocidos, un vendedor de algodones de azúcar decidió que la manera tradicional de entregar su producto era demasiado aburrida.

Su solución fue tan simple como arriesgada: en vez de estirar el palito hacia el cliente, invitaba a la gente a meter la cabeza directamente dentro de la máquina giratoria para sacar su propio algodón. Sin guantes, sin distancia de seguridad, sin ningún tipo de manual de instrucciones de por medio.

Las imágenes del video no tardaron en circular, y la reacción fue la esperable: entre carcajadas y caras de “¿esto es real?”, los usuarios se preguntaban si el hombre había patentado el algodón de azúcar más peligroso del mundial. Nadie reportó heridos, pero tampoco nadie se explica cómo se le ocurrió semejante idea.

