Stephen Musick estaba en servicio en la Marina de Estados Unidos cuando su cuerpo empezó a fallar.

Le habían aplicado una vacuna experimental contra la gripe porcina y su organismo reaccionó de una forma que los médicos no esperaban. Mientras luchaba entre la vida y la muerte, Musick asegura que su conciencia viajó a otro lugar: un campo de trigo, colinas suaves y un roble enorme, todo con una nitidez que él mismo describió como “HD con esteroides”. Ahí, dice, caminó del brazo de un hombre de cabello castaño largo y ojos color avellana que se presentó como Jesús.

La conversación fue breve pero definitiva: no podía quedarse. Volvió a abrir los ojos en cuidados intensivos, sin saber cuánto tiempo había pasado ni cómo explicar lo que acababa de vivir. Años después escribió un libro para contarlo, aunque él mismo admite que las palabras se quedan cortas frente a lo que recuerda.