Rebecca Townsend tenía 17 años cuando escribió tres metas en un papel.

Viajar a España. Besar bajo la lluvia. Salvar una vida. Las dos primeras las cumplió antes de graduarse de la preparatoria en 2015, sin sospechar que la tercera llegaría de una forma que nadie podría haber imaginado. El 2 de julio de ese año, después de ver fuegos artificiales en Danbury, Connecticut, caminaba junto a su amigo Ben Arne cuando un auto se les vino encima. Ella lo empujó para apartarlo del peligro y alcanzó a decirle que se apurara.

Ben sobrevivió con heridas graves. Rebecca no. Cuando su familia revisó sus cosas y encontró esa lista, entendió que en el segundo más difícil de su vida, sin saberlo, había cumplido su deseo más generoso.
