Ingrid del Carmen Barrera Rantul tenía 53 años y vivía en Loncoche, en la región de La Araucanía. El domingo 15 de junio de 2026 fue encontrada muerta en su domicilio de la calle República con Porvenir, con más de 80 heridas de arma blanca y múltiples fracturas, la más grave en el cuello. El autor material era un adolescente de 17 años, compañero de liceo de su propia hija.

Lo que la Fiscalía reconstruyó en los días siguientes es de una frialdad difícil de procesar. La hija de la víctima, también de 17 años, habría planificado el crimen junto a su pololo, de la misma edad. Juntos contrataron al compañero de curso para ejecutarlo y le pagaron 60.000 pesos chilenos — menos de 60 dólares. Ella dejó una ventana abierta para facilitar el ingreso. Una vez consumado el asesinato, la pareja regresó al inmueble y fue quien reportó el hallazgo del cuerpo: eso, según la Fiscalía, era parte del plan. Los tres imputados se entregaron voluntariamente y reconocieron su participación.

El fiscal regional Roberto Garrido calificó el hecho como sicariato y precisó el móvil: la madre se oponía a la relación sentimental de su hija. La joven enfrenta cargos de parricidio; sus dos cómplices, de homicidio calificado. La investigación quedó a cargo de la Brigada de Homicidios de la PDI con sede en Temuco.

