
Yevheniia Koval tenía 79 años y estaba sola en casa con su nieta cuando alguien la golpeó hasta dejarla con múltiples moretones.
Ocurrió el 23 de mayo de 2024 en un condominio de Lauderdale Lakes, Florida. Su hijo había castigado a Sofía, de 14 años, quitándole el teléfono, y salió dejando a las dos juntas. Al volver, encontró a su madre inconsciente. La llevaron de urgencia al Broward Health Medical Center, donde la declararon muerta. La autopsia fue clara: homicidio.
Según el informe de arresto, Sofía admitió haberla golpeado con un cinturón y dijo que se defendía porque la abuela la había arañado. Su padre atribuyó la conducta de la adolescente a lo que vivió en Ucrania: la guerra y la separación de su madre.

La acusaron inicialmente de asesinato en segundo grado y fue procesada como adulta. Durante el proceso, el cargo se redujo a homicidio involuntario, un delito que podía acarrearle hasta 15 años de prisión. El 30 de octubre de 2024, Sofía aceptó no impugnar la acusación y fue sentenciada a un programa juvenil de máximo riesgo por hasta 36 meses, seguido de supervisión hasta los 21 años. Según los fiscales, se esperaba que fuera deportada a Ucrania.
El caso conmocionó por la edad de la acusada y por el vínculo que la unía con la víctima: una nieta de 14 años y una abuela de 79, en una historia familiar que terminó en los tribunales.
