Erin Caffey tenía 16 años cuando decidió que su familia debía morir. El 1 de marzo de 2008, en Texas, su exnovio Charlie Wilkinson, de 19, y el amigo de este, Charles Waid, de 20, entraron a su casa con armas y una katana mientras ella esperaba afuera, en un auto.

Mataron a la madre, casi decapitada en su habitación. A su hermano de 13 años le dispararon en el rostro y al de 8 lo apuñalaron hasta matarlo. Incendiaron la casa con todos dentro. Terry, el padre, recibió cinco disparos y logró arrastrarse 300 metros entre llamas hasta pedir ayuda.

El motivo, según la fiscalía: sus padres le habían prohibido seguir viendo a Wilkinson. Dos días después del enfrentamiento familiar, el plan ya estaba en marcha. Erin recibió dos cadenas perpetuas más 25 años. No podrá pedir libertad condicional hasta los 59 años.
