Betty-Lou Summer llevaba un sombrero grande y se recostó en una silla de metal junto a la piscina comunitaria de Johnson Ranch, en San Tan Valley, Arizona. Era el 11 de junio. En menos de una hora, el sol terminó con ella.

Cuando otros visitantes se acercaron a revisarla, Summer estaba inconsciente. Su temperatura corporal central superaba los 40 °C. El diagnóstico posterior fue devastador. Quemaduras de tercer grado en la mayor parte del frente de su cuerpo, con destrucción de tejido que llegó hasta el músculo y el hueso en varias zonas. Además, daño renal y hepático. “El frente completo de su cuerpo, hasta básicamente el músculo y el hueso, está quemado”, declaró su hija Michelle Gabbert, médica internista, al canal Arizona’s Family. “Y es extenso”.

Summer fue trasladada a una unidad de quemados donde la sometieron a una desbridación quirúrgica de varias horas y le instalaron tres dispositivos de vacío para heridas. Los cirujanos retiraron piel y tejido necrótico en múltiples áreas. Aunque fue retirada del ventilador y ya no requiere diálisis, permanece en la UCI de quemados con dolor severo y alto riesgo de infección, a la espera de nuevas intervenciones. Su hija, que abrió un GoFundMe verificado para cubrir los gastos médicos, lo resumió así: “Las quemaduras son una de las peores cosas que alguien puede sobrevivir”.


