Alicia Schiller cumple 16 años de prisión en Australia. La condenaron por matar a Tyrelle Evertsen-Mostert, de 31 años y madre de tres hijos, en un ataque de rabia provocado por drogas en Geelong en 2014.

Hoy, más de una década después, Schiller fue aprobada para recibir algo que miles de australianos libres no pueden costear. Inyecciones de Ozempic y cirugía plástica, financiadas con el dinero de los contribuyentes de Victoria. El tratamiento se aplicará dentro del Dame Phyllis Frost Centre, la prisión de máxima seguridad donde permanece recluida.

La noticia, revelada por A Current Affair, encendió la indignación política y pública casi de inmediato. El vocero de la oposición, Brad Battin, cuestionó por qué una asesina que eligió comer en exceso debería recibir el mismo medicamento que muchos pacientes con diabetes no logran conseguir. El presentador radial Ben Fordham fue más directo todavía: llamó al caso ‘free fat jabs’ al aire. Nadie ha revelado cuánto le costará esto al Estado.

