En 1848, Phineas Gage, un capataz de 25 años, sufrió el accidente laboral más famoso de la historia en Vermont. Una barra de hierro de 1 metro de largo salió disparada por una explosión, perforando su mejilla y destruyendo su lóbulo frontal. La realidad es que Gage no solo sobrevivió, sino que caminó al médico.

Físicamente sanó, pero perdió el 11% de la materia blanca de su cerebro. Sus amigos dijeron que “ya no era Gage”. El hombre brillante se volvió un ser agresivo e inestable.

Este paciente abrió la puerta a la neurociencia moderna, probando que nuestra identidad depende directamente de la salud de nuestras neuronas.

