Keona tenía 9 semanas cuando llegó al Children’s Hospital de Nueva Orleans con las piernas y las costillas rotas.
Los médicos diagnosticaron síndrome del bebé sacudido: sangrado en ambos lados del cerebro y un mes entero conectada a un respirador. Una trabajadora social lo calificó como el caso de maltrato más grave que había visto. Uno de cada cuatro bebés sacudidos muere, y muchos de los que sobreviven quedan con daño cerebral permanente. Ella no tuvo ninguno.

Pero el tubo que la mantuvo viva dejó cicatrices que le cerraron la tráquea. Tenía que respirar por una traqueotomía y no podía emitir sonido alguno: ni siquiera lloraba. Tammy y Kevin Mock, que la adoptaron en agosto de 2017, aprendieron a cuidarla durante dos semanas de entrenamiento en el hospital.

A los 18 meses, el cirujano Sohit Kanotra le extrajo trozos de cartílago de las costillas y los usó para ensanchar su vía aérea. Diez días después de la operación susurró su primera palabra: “Hola”. Hoy tiene 8 años, sueña con ser otorrinolaringóloga y no deja de hablar.


