Emma vive dentro de una caja nido, uno de esos refugios de madera que instalan para proteger a las ardillas del frío y de los depredadores. Ahí, una cámara escondida grabó algo que nadie esperaba encontrar tan humano.
Un trueno retumbó afuera y Emma se llevó las dos patitas al pecho, como quien se abraza a sí misma del susto. Se quedó quieta, mirando hacia la entrada de su refugio, atenta a cada sonido de la tormenta que se desataba allá afuera.
Nadie le enseñó ese gesto. Simplemente lo hizo, y por unos segundos, una ardilla salvaje se pareció demasiado a cualquiera de nosotros cuando algo nos asusta en medio de la noche 🐿️💛
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