
Amy Williams y su esposo llevaban cuatro años dejando comida para los gatos del vecindario. Entre tantas visitas, una siempre se distinguía del resto: una mapache con un ojo lesionado o que nunca terminó de formarse. No era tímida. Se paraba en dos patas sobre el porche trasero, casi pidiendo su ración, como si supiera que ahí la esperaban.
Con el tiempo, la confianza creció tanto que la mapache empezó a llevar a sus crías a conocer la casa. Un año volvió con cinco. Al siguiente, con dos más. Pero la primavera de 2023, Williams y su esposo no podían creer lo que vieron caminando detrás de ella: tres crías completamente albinas, blancas como si la genética hubiera decidido hacer una excepción con esta familia.

Un bebé albino ya es raro, se calcula que ocurre en 1 de cada 500.000 a 750.000 nacimientos. Que sean tres en la misma camada tiene una probabilidad de apenas 1 en 10 millones, según estimaciones. Williams consultó con expertos para asegurarse de que la familia estuviera bien, y la respuesta la tranquilizó: los mapaches estaban sanos. Pese a las dudas sobre si una madre con su condición podría sacar adelante a sus crías, la mapache tuerta demostró ser una madre incansable.
