Rebecca Hay tenía 22 años cuando el cielo se volvió fuego.

El 22 de mayo de 2016, Rebecca, de Northampton, viajaba en un globo que chocó contra cables de alta tensión. El globo aterrizó en Earls Barton. La descarga de 33.000 voltios le quemó más del 20 % del cuerpo. Pasó meses con curaciones e injertos; su madre la lavaba y Brett, su pareja, le atendía las heridas. Preguntó si iba a morir.

Después llegaron el TEPT y el trastorno bipolar tipo 1. En un diario ordenó lo vivido, y sus notas toman forma de memorias. Hoy, a los 32, recorre Europa en una autocaravana con Brett y su hijo Harley. El dolor sigue, pero Rebecca no espera a sentirse bien para vivir. Quiere que alguien lea su historia y piense: «Alguien más lo entiende».

