Cinco años comunicándose casi exclusivamente en monosílabos. Así estaba una mujer de 80 años con una década de Alzheimer avanzado cuando sus cuidadores decidieron administrarle una dosis oral única de 5 gramos de hongos con psilocibina, cepa Enigma.

Aproximadamente 19 horas después de la dosis, la paciente comenzó a hablar espontáneamente en frases autobiográficas. En los días y semanas siguientes recuperó la continencia urinaria, mejoró su movilidad, fue capaz de vestirse sola y mostró mayor reciprocidad emocional con quienes la rodeaban. Un mes más tarde recibió una segunda dosis de 3 gramos; los registros documentaron mayor expresividad verbal, humor y agilidad. El caso fue publicado en la revista científica Frontiers in Neuroscience en mayo de 2026.

Los propios investigadores advirtieron que la neurodegeneración subyacente no se revirtió y que las mejoras fueron transitorias. Es un caso único, no un ensayo clínico, y los resultados no son generalizables. Pero el dato que los especialistas no pueden ignorar es este: no existe actualmente ningún medicamento aprobado que produzca mejoras tan rápidas y multidimensionales en Alzheimer avanzado. La psilocibina ya se investigaba para depresión, adicción y PTSD — y ahora tiene a la neurociencia mirando en una dirección que hace años habría parecido impensable.
