En Galicia, cuando el sol se mete a las 18:30 en invierno, las gallinas de corral se vuelven invisibles — y eso sale caro. Una empresa de Pontevedra encontró la solución más inesperada del año: chalecos de alta visibilidad diseñados específicamente para aves de granja. El comerciante Esteban Couso fue uno de los primeros en venderlos, con un argumento difícil de rebatir: «Si los perros y los gatos pueden llevarlos, ¿por qué no las gallinas?»

El producto ya era llamativo por sí solo, pero lo que lo disparó fue un episodio que nadie esperaba: una vecina llamó a la policía aterrorizada porque creía que unos «gnomos brillantes» rodeaban su casa. Los oficiales llegaron al lugar y encontraron exactamente lo que había: gallinas con chalecos reflectantes moviéndose en la oscuridad. La misma vecina había atropellado a dos de esas aves semanas antes, alegando que «no las había visto» en la noche. 🐔

El dueño no necesitó decir nada más. Los chalecos quedaron puestos.

