En 2022, en Södertälje, cerca de Estocolmo, una startup llamada Corvid Cleaning tuvo una idea que sonaba a ciencia ficción: enseñarle a cuervos salvajes a limpiar las calles.


Christian Günther-Hanssen, su fundador, diseñó una máquina que entregaba un poco de comida cada vez que un cuervo depositaba una colilla de cigarro dentro. Nada de jaulas ni entrenamiento forzado: los cuervos participaban por voluntad propia, atraídos por la recompensa. Y funcionaba, porque estas aves razonan casi como un niño de siete años.
El dato que hizo viral la historia es brutal: en Suecia se tiran más de mil millones de colillas al año, el 62% de toda la basura callejera. Günther-Hanssen calculaba un ahorro de hasta el 75% en costos de limpieza si el método se expandía. Pero aquí viene el giro que pocos conocen: el municipio nunca convirtió el piloto en un programa permanente, y en 2025 la empresa se declaró en bancarrota.
Una idea que muchos calificaron como brillante pero que, por ahora, quedó solo en eso.
