

A 3,7 metros bajo tierra, en lo que alguna vez fue un gimnasio romano de la antigua Amastris, unas manos empezaron a raspar mármol donde nadie esperaba encontrar nada.
La ciudad, hoy conocida como Amasra, en la costa turca del mar Negro, guardaba desde hace alrededor de 1.800 años una figura de 1,53 metros con el cabello atado en un peinado conocido como nudo de Heracles —o nudo de Afrodita—. Al principio, los arqueólogos de la Universidad de Bartın pensaron que se trataba de una ninfa de agua, porque la zona donde apareció parecía haber tenido una piscina. Pero algo no cerraba del todo.

Compararon la pieza con otras 20 representaciones conocidas de Afrodita y la respuesta cambió: la postura seguía la tradición escultórica asociada a la escuela de Praxíteles, uno de los grandes maestros del arte griego. Le falta la mano derecha y la punta de la nariz, nada más. Hoy la estatua ya fue restaurada y se puede ver en el Museo de Amasra, a pocos kilómetros de donde estuvo enterrada desde el año 180 después de Cristo.
