Rita dormía en las calles de Turquía y recolectaba botellas y bolsas para sobrevivir. Había perdido a un hijo, y con él, dice quien la conoció, parecía haber perdido también las ganas de mirarse al espejo.

Shafag Novruz, estilista turca especializada en maquillaje y peinados, la encontró y decidió algo simple pero enorme: devolverle una imagen de sí misma que hacía años no existía.

Pagó de su bolsillo las extracciones dentales que Rita necesitaba, le hizo manicura, pedicura, tiñó y le puso extensiones de cabello, la maquilló y le colocó pestañas postizas.

Cuando terminó, Rita ya no era la misma mujer de las fotos de antes. Se vio en el espejo y dijo sentirse más bella y más segura que en mucho tiempo.
Las imágenes del cambio se volvieron virales, y miles de personas coincidieron en algo: sus ojos, dicen, siempre habían sido hermosos, solo hacía falta que alguien se detuviera a mirarlos.
