
Antes de subir su foto de graduación a redes sociales, esta estudiante hizo algo que casi nadie hace: cubrió uno por uno los rostros de sus cientos de compañeros con emojis, porque no tenía su permiso para exponerlos públicamente. La imagen, donde ella aparece sonriendo rodeada de caras amarillas gigantes, se volvió viral en cuestión de horas. Lo que empezó como un gesto personal desató un debate global sobre consentimiento digital: ¿tenemos derecho a publicar fotos con desconocidos sin preguntarles? En varios países asiáticos esa práctica ya está regulada por ley. El resto del mundo, al ver esta foto, se dio cuenta de que quizás todos deberíamos hacernos esa pregunta antes de darle publicar.
