Kyra Kinnison viajaba a Salina, Kansas, un viernes por la noche. Tenía 21 años, cursaba el tercer año de ciencia animal en Kansas State University e iba en su propio auto, justo detrás del de su novio, Dalten Grabast.

En plena autopista K-18 apareció un obstáculo: una gran paleta de aislante que se había caído de un camión. Dalten lo esquivó y se detuvo. Kyra también se orilló. Entonces otro vehículo chocó contra el auto del novio, y ella quedó de pie en el acotamiento de un paso elevado, con un camión acercándose a toda velocidad.
No había adónde ir. Kyra dio un salto hacia atrás para evitar el golpe, y detrás de ella solo había vacío. Cayó desde unos 21 metros de altura por suerte aterrizó sobre un árbol evitando la muerte por segunda vez en un día.


Los bomberos de Manhattan tuvieron que subirla desde debajo del puente con equipo de rescate en altura. Se fracturó la espalda, las vértebras, la pelvis y el cóxis, y la operaron para realinearle las caderas. Pero no quedó paralizada. Según su novio, menos de 48 horas después de la caída ya caminaba con un andador.
