Silvina trabajó 15 días en un geriátrico de Mar del Plata hace dos años. Entró para limpiar, pero por falta de personal terminó bañando, curando y medicando a los abuelos internados sin tener ningún conocimiento de enfermería.

Lo que vio la hizo renunciar. Un solo pañal al día por paciente, residuos patógenos sin tratamiento, alimentación deficiente y menos cuidadores de los que exige la ley. Le pedían inyectar insulina y administrar medicamentos a personas mayores sin ninguna preparación médica, algo que ella misma reconoce que pudo haber puesto en riesgo sus vidas.


Había cámaras encendidas las 24 horas, incluso en la cocina, pero le prohibían hablar con sus compañeros sobre lo que ocurría adentro. Si todo quedaba grabado, ¿por qué nadie del geriátrico intervino antes de que se conociera el escándalo?
