Rahma Haruna, de Kano, Nigeria, se volvió un símbolo de resiliencia tras conocerse que vivió 19 años dentro de un recipiente plástico. Aunque nació sana, a los 6 meses una condición desconocida detuvo el crecimiento de sus extremidades, causándole dolores crónicos.

Para que no viviera postrada, su familia en Kano la confinó a un balde de plástico, donde pasaba sus días entre la fiebre y el estómago destrozado por la extraña afección. Su padre vendió todo y gastó todos sus ahorros buscando una cura que nunca llegó.


Rahma falleció en 2016, tras 19 años de una realidad que parece sacada de una pesadilla médica.

