Paige Williams cobraba unos 1.800 dólares por cuidar a tres perros, dos gatos y dos aves rapaces mientras una familia de Balsall Common, en el Reino Unido, estaba de vacaciones en 2024.

Lo que no sabía es que había cámaras en la cocina y el jardín. Las imágenes mostraron a Williams, de 26 años, y a su pareja, Bradley Archer, gritando y soltando insultos a dos perros de raza pointer alemán de pelo corto: Ayrton, de 13 meses, y Frieda, de tres años. Los arrastraban por el collar, los levantaban del suelo, los empujaban por las puertas y los tiraban abajo.

Según la RSPCA, el más castigado fue Ayrton. Lo encerraron en una jaula donde lloraba y gemía, lo ataron a un árbol con el agua apenas fuera de su alcance, lo persiguieron por el jardín amenazándolo con un palo y lo zarandearon con una correa de ahorque hasta lanzarlo por el aire. Cuando saltó sobre Archer, lo azotaron con esa misma correa.

En uno de los videos, Williams mira a la cámara y habla con los dueños: “Nunca volveré a cuidar a sus perros, mis animales han sufrido este mes. Mis animales. Ya tuve suficiente”.
La familia se negó a pagar la factura. Williams admitió un delito contra la Ley de Bienestar Animal y Archer cambió su declaración de culpabilidad al inicio del juicio. Ambos recibieron 12 meses de servicio comunitario y una prohibición de tener animales por 7 años, lo que cierra el negocio de Williams, Fur & Filly Pet Care Services. Los perros ya están bien, pero la familia asegura que lo vivido les dejó huella.
