
Mia tenía solo 3 años cuando sus padres notaron que algo andaba mal con su vista.
Edith Lemay y Sébastien Pelletier, de Montreal, Canadá, la llevaron al médico buscando respuestas y recibieron un diagnóstico que les cambió la vida: retinosis pigmentaria, una enfermedad genética sin cura que apaga la visión poco a poco. En 2019 el golpe se repitió dos veces más: Colin y Laurent, sus otros hijos, tenían la misma condición. Solo Leo, el menor, quedó libre de ella.

Un especialista les dio una idea que se convirtió en misión familiar: llenar a los niños de “recuerdos visuales” antes de que la oscuridad avance. Así nació el viaje que los llevó por Mongolia, Turquía, Egipto y el Himalaya, con una cámara guardando cada paisaje que sus hijos alcanzarían a ver. No podían curarlos, pero podían regalarles el mundo entero mientras sus ojos aún lo permitieran.

