Todos los días veía lo mismo: la gente llegaba al puesto de pescado, entregaba unos billetes y se iba con su compra.
Un día decidió intentarlo ella también. Sin bolsillos ni monedas, tomó lo único que encontró a su alcance —una hoja tirada en el suelo— y caminó directo hacia el dueño del negocio, dejándola frente a él como quien paga la cuenta.
El vendedor, entre sorprendido y enternecido, entendió el gesto a su manera y le dio un pescado. Desde entonces, según cuenta quien compartió la historia en redes, la gata no faltó ni un solo día: llega, deja su hoja y espera su pago. Nadie sabe su nombre ni el lugar exacto donde ocurrió, y hasta el medio que contó la historia admite que no está confirmada al cien por ciento. Pero el video ya conquistó a miles de personas que solo quieren creer que es verdad.
