Eliza Liebowitz, estudiante de 16 años en Long Island, logró movilizar a sus compañeros y vecinos para donar juguetes a niños con cáncer en Memorial Sloan Kettering Cancer Center, en Manhattan. Su iniciativa nació después de conocer la experiencia de un amigo tratado en ese hospital.

La joven comenzó a reunir figuras de acción, muñecas, juegos de mesa, materiales de arte y otros regalos pedidos especialmente por los pacientes. Con el tiempo, su esfuerzo se transformó en un Courage Cart, un carrito pensado para llevar momentos de distracción a menores que enfrentan tratamientos muy duros.

Para muchos niños, recibir un juguete no elimina el dolor ni cambia el diagnóstico, pero sí puede devolver unos minutos de infancia dentro del hospital. En un pasillo lleno de batas y máquinas, una caja de Legos puede ser una pausa necesaria.

