Dasia Taylor tenía 17 años y cursaba la preparatoria en Iowa City cuando se hizo una pregunta incómoda: ¿cómo se detecta a tiempo una infección tras una cirugía en lugares donde no hay recursos?

Las suturas inteligentes que ya existían dependían de sensores electrónicos conectados a una aplicación de celular, una tecnología demasiado cara para los países que más la necesitan. Dasia buscó otro camino y descubrió que el jugo de remolacha cambia de color justo en el nivel de pH donde empieza una infección.

Probó diez materiales de hilo hasta encontrar uno de algodón y poliéster que retenía bien el tinte. Cuando el pH sube, pasa de un rojo intenso a un morado oscuro en cuestión de minutos. Su proyecto la convirtió en finalista del Regeneron Science Talent Search, y hoy sigue adelante con el proceso para patentar su invento.

