
Cecilia Durán Gafo se había formado como educadora de párvulos y después administraba un hotel familiar en Puerto Natales. Nada la preparó para lo que vio en 2010, cuando unos 90 pingüinos rey llegaron a Bahía Inútil, en Tierra del Fuego, y la gente empezó a tocarlos, alimentarlos y hasta capturarlos. De aquel grupo, solo ocho sobrevivieron.
Cecilia decidió intervenir. Junto al biólogo marino Alejandro Kusch armó un sistema de vigilancia día y noche para frenar a los curiosos y a los coleccionistas que buscaban huevos. En 2011 nació formalmente el proyecto Pingüino Rey, y en 2013 llegaron los primeros polluelos bajo protección. Para 2015, el primero de ellos ya era independiente.
La amenaza nunca desapareció del todo: entre 2019 y 2021 hubo que enfrentar la depredación del zorro gris, y se sumaron cámaras y GPS para monitorear a las aves. Hoy, con Cecilia de 72 años todavía ligada a la reserva, la colonia ronda los 200 pingüinos. De ocho a casi doscientos, en 16 años, gracias a una mujer que un día decidió que esas aves merecían quedarse.


