La mariposa aterrizó despacio, justo sobre su bufanda, y empezó a subir centímetro a centímetro hacia su mejilla. 🦋 La niña, con gorro rosado y ojos como platos, no se movió ni un milímetro.
Sus alas azules se abrían y cerraban cerca de su boca, casi rozando su nariz, y ella solo observaba, hipnotizada, como si supiera que cualquier movimiento brusco rompería la magia. Por fuera, la mariposa parecía apagada; por dentro, guardaba ese azul profundo que solo se ve cuando decide mostrarlo.
Después de unos segundos que parecieron eternos, la pequeña visitante se movió hacia su gorro y ahí se quedó, tranquila. La niña sonrió, aliviada y feliz, como si acabara de vivir un secreto que solo la naturaleza sabe regalar a quienes saben quedarse quietos. 💙
