Llevaba un mes entero con un dolor ardiente que no la dejaba en paz.

Una mujer de 63 años en Massachusetts, Estados Unidos, probó dos medicamentos de venta libre para el reflujo sin ningún resultado. El problema real era otro: un bezoar gástrico, una masa de alimento acumulada en el estómago, producto del vaciado lento que provoca la semaglutida, el fármaco que tomaba para la diabetes y la obesidad. Los bezoares aparecen en menos del 0,5% de las endoscopias, y si no se tratan a tiempo pueden volverse graves.

La receta de sus médicos sonó casi absurda: litro y medio de Coca-Cola Light todos los días, elegida por su condición diabética. Al segundo día sintió un tirón fuerte en el estómago y las náuseas desaparecieron. Días después, una endoscopia de control confirmó lo que parecía imposible: la masa se había disuelto por completo.

