Stephanie Baliga corría desde los 9 años. Para cuando llegó a la Universidad de Illinois, ya era la sexta corredora de primer año más rápida del país, con la mirada puesta en una carrera profesional y kilómetros de entrenamiento diario marcando su rutina.

Entonces se fracturó el pie en su segundo año. Las horas de pista se transformaron en horas de oración, y ahí encontró algo que no esperaba: la certeza de que su vida pertenecía a otra causa. Hoy vive en la Misión de Nuestra Señora de los Ángeles, en Chicago, y sigue corriendo — pero ahora cada maratón es una recaudación de fondos.

En 15 años ha reunido más de 2.6 millones de dólares en alimentos para familias en dificultades. Nunca llegó a las Olimpiadas. Terminó alimentando a más gente de la que jamás habría tocado con una medalla.
