Una mujer con una alergia severa a los frutos secos se vio obligada a encerrarse en el baño de un avión luego de que la tripulación le sirviera almendras a los pasajeros

Por Matías Mora
6 October, 2026
Laura Merry

Laura Merry hizo todo lo que se supone que hay que hacer. Esta profesora inglesa, de 25 años y con una alergia grave a los frutos secos, avisó a la aerolínea australiana Qantas meses antes de volar y asegura que tenía confirmación por escrito de que no se servirían frutos secos a bordo.

El 3 de marzo de 2019, ya en el avión, según su relato, la jefa de cabina le dijo que no tenía ninguna nota sobre su alergia y que era demasiado tarde para hacer peticiones. A los 160 pasajeros les iban a servir láminas de almendra de cortesía. Ella pidió que se omitiera el snack, porque el vuelo duraba solo una hora, pero cuenta que la tripulación se negó, alegando que era política de la aerolínea, y tampoco quiso hacer un anuncio a los pasajeros. Su solución, según Merry, fue entregarle una mascarilla.

Ella sostiene que esa mascarilla no la protegía de una reacción alérgica, así que pasó el vuelo escondida en el baño, lejos de quienes comían. No sufrió una crisis, pero el riesgo era real: una anafilaxia a miles de metros de altura. Qantas sostiene en su web que no puede garantizar un ambiente libre de alérgenos y que sigue sirviendo almendras, anacardos y macadamia. ¿Era responsabilidad de Merry gestionar el riesgo o de la aerolínea, después de haberle confirmado que podía atender su alergia?

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