Isabel Rose, de 26 años y originaria de Hackney, Londres, viajó a Hong Kong en enero de 2024 para ver a un hombre que había conocido semanas antes en Tailandia. Esa misma noche, en el departamento de él, aseguró haber sido violada. Dos días después fue a la policía.

Pero los mensajes que ella misma envió contaron otra historia: hablaban de dinero, no de justicia. La fiscalía probó que exigió 100.000 libras esterlinas —unos 130.000 dólares— bajo amenaza de denunciarlo si no pagaba. El hombre fue arrestado, interrogado y jamás acusado de nada.

La jueza Adriana Tse Ching no tuvo dudas: lo llamó testigo honesto y creíble, y a ella la describió como deshonesta y sin un ápice de remordimiento. Seis años de prisión después, Rose cumple condena en la cárcel de máxima seguridad Tai Lam.

