Song Mei, 45 años, era maestra de arte en un kínder de Henan, China. Su esposo Zhao Jinqian trabajaba impermeabilizando techos, y en octubre de 2019 subió a uno para rescatar a un niño de tres años atrapado. Cayó unos seis metros usando su propio cuerpo para proteger al menor.

Zhao sobrevivió, pero con daño cerebral severo, fracturas múltiples y los pulmones comprometidos. Quedó en estado vegetativo. Los médicos le dijeron a Song que estimular los dedos de manos y pies podía ayudar a la recuperación nerviosa. Un día, por accidente, ella mordió uno de sus dedos del pie y notó una leve respuesta. Desde entonces cubrió el pie de Zhao con una bolsa de plástico para alimentos y repitió el gesto todos los días, durante años, sin saber si algo cambiaría.

En 2024 Zhao empezó a abrir los ojos. Hoy entiende lo que le dicen, levanta la mano y se sostiene de pie con ayuda. El 30 de junio, desde su cama de hospital, se giró hacia Song y le susurró: “te amo”. En terapia, el nombre de su esposa es la única palabra que logra escribir. Los especialistas advierten que no hay evidencia médica de que morder los dedos cure un estado vegetativo. Pero para Song, siete años de insistir todos los días terminaron en dos palabras que valieron la espera.

