El escáner corporal marcó algo sospechoso en su pecho y los agentes de la TSA en Miami pensaron en cualquier cosa menos en lo que realmente encontraron.

Eran dos tortugas vivas, envueltas en gasa y plástico, escondidas dentro del sostén de una pasajera que intentaba subirlas a su vuelo sin que nadie se diera cuenta. Los oficiales, entre la sorpresa y la incredulidad, solo atinaron a preguntarse por qué alguien intentaría algo así en pleno control de seguridad.

Una de las tortugas no sobrevivió al viaje. La otra fue entregada a la Comisión de Pesca y Vida Silvestre de Florida, que se hará cargo de ella. La TSA aprovechó el caso, ocurrido en abril pero revelado recién en julio, para pedirle a los pasajeros algo que debería ser obvio: dejen de esconder animales en lugares raros del cuerpo.

Aeropuerto seguro, sí, pero al parecer nada sorprende ya a los agentes de Miami. 🐢✈️
