Jimena solo hizo una pregunta.
“¿Nunca pensaste en ser sacerdote?”, le dijo un día a su novio, Juan Andrés Verde, sin imaginar que esas palabras quedarían suspendidas para siempre. Poco después murió en un accidente, y esa pregunta se quedó ahí, flotando, sin nadie que la respondiera.

Juan Andrés no pudo dejarla ir. Cuenta que entró al seminario para sacarse la duda, como si necesitara probarle algo a alguien que ya no estaba para escucharlo. Lo que empezó como una forma de procesar el duelo se convirtió, con el tiempo, en una certeza distinta: hoy es sacerdote, y habla de Jimena no con amargura sino con gratitud, como quien agradece a la persona que le señaló un camino sin saber que sería el último regalo que le hacía.

Hay preguntas que se hacen sin peso, casi al pasar, y terminan pesando toda una vida.