
Paulina Pobi no podía moverse ni hablar.
A sus 84 años, la mujer padecía parálisis y quedó atrapada bajo las paredes de bambú de su propia casa cuando un terremoto de magnitud 7.7 sacudió la isla de Flores, en Indonesia, el sábado 15 de agosto de 2026. Un deslizamiento de tierra bloqueó el camino hacia Nitunglea, la aldea donde vivía, y su familia —convencida de que ya la habían llevado a un refugio— tardó cuatro días en volver a buscarla.

La encontraron el martes, todavía con vida, entre los escombros donde había permanecido durante días sin comer ni beber una gota de agua. El funcionario local Rudolfus Riba confirmó que no tenía heridas, solo debilidad.
Mientras tanto, el sismo ya sumaba 73 muertos, más de 900 heridos y cerca de 60.000 desplazados, con más de 3.000 réplicas registradas en la región.
