Megan Taylor, una joven ciega de 22 años de St Helens, Inglaterra, viajaba en un bus junto a Rowley, su perro guía, cuando otra pasajera comenzó a cuestionar la presencia del animal. Al explicarle que Rowley era un perro de asistencia, la mujer no le creyó y le exigió que lo sacara del bus.

Según contó Megan, la pasajera llegó a decirle que los perros guía debían ser amarillos porque Rowley era negro. Incluso la llamó mentirosa cuando intentó explicarle que el animal estaba entrenado para ayudarla. Megan finalmente decidió ignorarla y continuó su viaje junto a Rowley.

Rowley es un labrador negro y había sido entrenado para asistir a Megan en su vida cotidiana. La joven había comenzado a experimentar episodios de ceguera después de sufrir una grave lesión en la cabeza cuando tenía 15 años, y su perro podía ayudarla con distintas tareas e incluso pedir ayuda si ella perdía el conocimiento.

El episodio se volvió viral en 2019 precisamente por lo insólito de la situación: la pasajera había asumido que un perro guía debía tener determinado color de pelaje. El caso también sirvió para recordar que los perros de asistencia no tienen que ser necesariamente amarillos: lo importante es su entrenamiento y la función que cumplen junto a la persona que los necesita.
