
Margaret, una mujer de Kentucky, desarrolló una extraña adicción: durante años se provocó deliberadamente picaduras de abejas para aliviar sus dolores. Sufría artritis y aseguró que después de recibirlas podía moverse con mayor facilidad. Lo que comenzó como un intento de combatir el dolor terminó convirtiéndose en una práctica de la que decía depender.


Cuando apareció en el programa My Strange Addiction de TLC, contó que llevaba unos 10 años haciéndolo y que se había sometido a más de 50.000 picaduras. Podía provocarse hasta 15 al día, llegando a unas 100 por semana. Incluso llevaba abejas en su cartera y tenía colmenas en su jardín para disponer de ellas cuando las necesitara.

Un médico le advirtió que podía desarrollar una reacción alérgica grave y potencialmente mortal. Aun así, Margaret aseguró que no pensaba dejar de hacerlo.
