
Gemma Pompili tenía 5 años y una misión: entregarle unas zapatillas al papa.
Corría 2017 y el equipo italiano de Special Olympics estaba de visita en el Vaticano. Entre todos los atletas, la elegida para el gesto oficial fue ella, la más pequeña del grupo, una niña con síndrome de Down que formaba parte del equipo. Las zapatillas eran rojas y llevaban el logo de la organización, un símbolo del mensaje de inclusión que defiende el movimiento.
Cumplida la tarea, Gemma no se fue. Se quedó en la silla junto a Francisco, que siguió con su discurso y, por momentos, le tomó la mano. La cámara captó la escena y desde entonces la imagen ha rodado por las redes millones de veces.
Y quizá eso es lo que hace tan especial la imagen: Gemma simplemente decidió quedarse un rato más, y Francisco le hizo un lugar a su lado. Un momento pequeño, espontáneo y lleno de ternura.
