
Momo tiene apenas 2 años, pero nadie le explicó que los disfraces de Halloween no deberían ser tan realistas.
La pequeña llegó a su jardín infantil vestida como Sin-Cara, el fantasma silencioso y sin rostro de El viaje de Chihiro. Túnica negra, máscara blanca, pasos lentos y ni una sola palabra. El efecto fue inmediato: varios compañeros rompieron en llanto apenas la vieron cruzar la puerta. Momo, mientras tanto, seguía caminando como si nada, absolutamente ajena al pánico que iba dejando a su paso.


Un año antes ya había dado una señal de lo que se venía: se disfrazó de Ryuk, el shinigami de Death Note, y también se robó las miradas en redes japonesas. Detrás de ambos looks está su mamá, la verdadera artífice de estos disfraces caseros tan bien logrados que parecen sacados de una producción profesional. El video de ese Halloween terminó viralizándose por la combinación perfecta: una niña de dos años en modo zen total, mientras el resto del salón descubría, entre lágrimas, que un disfraz sí puede causar susto.

